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Lancelot Alonso Rodríguez (1986)


Este novísimo artista, egresado de las aulas de la Academia de Bellas Artes San Alejandro, es uno de las figuras de la pintura contemporánea cubana en los últimos diez años. Habiendo cursado estudios en la Escuela de diseño F.I.T. de Nueva York, y compartido su experiencia en el taller experimental Los Nuevos Fieras, dirigido por Rocío García, la obra de Lancelot Alonso se inscribe dentro del fauvismo en la tendencia neoexpresionista por la que han optado varios jóvenes creadores.

Su obra se define en el despliegue del erotismo. El artista se sumerge en un discurso que refleja la sexualidad y el erotismo, en ocasiones de forma directa y en otras más oblicua y tangente. Su paleta revela orientaciones sexuales de todo tipo, no se limita a los maniqueísmos, sino que explora las diferentes vertientes del mundo del Eros. Cada cuadro desprende placer y complicidad. Sus piezas convidan a disfrutar olvidando los prejuicios, son un llamado a mirar. Más allá de lo moral, lo permitido y lo prohibido, o lo correcto y lo que está mal, Lancelot convida al goce: estético y visual.

El trabajo de este pintor es de una increíble factura y una calidad notable. En sus obras es evidente el gusto por las cualidades formales que brinda el fauvismo. La estridencia de los colores más contrastantes se traducen en la sensualidad y la viveza que estos conceden al momento erótico retratado. Los contrastes complementarios convierten su paleta en arma de seducción. La preferencia por los grandes formatos busca la inmersión de cada espectador dentro de su mundo.

Lancelot Alonso ha participado en eventos de importancia como la X Bienal de La Habana y el VIII Salón de Arte Digital. Sus propuestas agresivas e impactantes lo ubican dentro de un grupo de artistas que en estos momentos están renovando con su frescura al arte cubano. Su trabajo tiene su marca y es, por el momento, original y propia.

Expone el artista plástico Cubano Rafael Pérez Alonso en la Galería Orígenes del Gran Teatro de la Habana



La Galería Orígenes del Gran Teatro de La Habana presentó, desde el mes de abril, hasta finales de mayo, la exhibición personal Skylines, del artista plástico cubano Rafael Pérez Alonso. La muestra estuvo compuesta por obras de grande formato, entre 150 cm de ancho y 100 cm de alto, que representan diferentes paisajes urbanos visitados por el autor.

En cada obra está presente la línea de horizonte. Esta línea es el recurso del artista para recrearse en reflejos inventados, contrastes de colores o incluso de significados. Rafael Pérez Alonso nos muestra edificaciones emblemáticas que en ocasiones podemos reconocer junto a otras que son comunes, no identificables, pero que igualmente conforman el panorama de la visualidad citadina. Su recreación personal de varias ciudades del mundo, a forma de contraposición con el reflejo de otras, es un recurso singular para establecer un juego de paralelos con destino a una multiplicidad de sentidos.

Rafael Pérez Alonso construye, en Skylines, una visión peculiar e interesante sobre lo que para él significa la ciudad, sus confluencias y divergencia. Así mimo, desde el punto plástico, trabaja con una paleta de colores vivos, llamativos, que atraen en todo momento la atención del espectador, a pesar de la casi monocromía de sus cuadros.

Esta visión personal del artista, que tiene lugar en la exposición en cuestión, es un ejemplo más de las cualidades del arte contemporáneo cubano y varias de sus preocupaciones estéticas y conceptuales. El discurso sobre el hombre del presente, sus dinámicas de viaje, las migraciones, sus niveles de desarrollo y sus expectativas, queda encerrado en cada uno de los cuadros de esta muestra, a pesar de que sea necesario deconstruirlos a cabalidad para percatarse de ellos.

Alberto Lago (Manzanillo, Granma, 1983)


Este joven artista de la plástica cubana contemporánea, y recientemente graduado del Instituto Superior de Arte, es uno de los nuevos exponentes de nuestra pintura. Su técnica, como la de muchos compañeros y contemporáneos, está marcada por el empleo de colores vivos, con un tono neoexpresionista que marca lo más reciente de gran parte de las producciones pictóricas del momento.

Sus cuadros se encuentran entre la figuración y lo abstracto. Una vez más, como tantos otros, este joven creador decide alejarse de temas incisivos o críticos, para adentrarse en un mundo personal de paisajes, rostros, plantas, hongos, mariposas, y otros motivos “banales”. Estos escenarios no se nos revelan como sitios conocidos, sino como porciones de espacios que pueden estar en cualquier lugar.


Se podría decir que su intención es más bien la de recrear todo un universo plástico que le ofrezca pretextos para derrochar su paleta y su imaginación, y no la de representar una sociedad o un hecho en específico. Sin embargo, es sabido que esta actitud que presentan muchos artistas, es una forma más de discursar, desde la ausencia, sobre cuestiones culturales y sociales.


La producción pictórica de Alberto Lago ha ido emergiendo en los últimos años de manera notable. En su obra encierra muchos códigos de la pintura contemporánea, del pop, el neoexpresionismo, o incluso del graffiti. Su pincelada es gestual, en ocasiones y en otras, algo más medida. El gusto por los grandes formatos es visible, así como el privilegio de los colores estruendosos y exagerados, lo cual dota a su obra de cierta peculiaridad. Este artista no está ajeno al empleo del humor. Desde los temas que escoge, el valor técnico de sus piezas y la calidad formal de las mismas, demuestra su capacidad de sintetizar con sutileza y agrado sus preocupaciones sobre la manifestación.


Alberto Lago ha participado en varias exposiciones colectivas en el Instituto Superior de Arte, en la Bienal de La Habana, y ha tenido otras personales como Al límite de lo imposible y Realidad: Caos y Orden. Su obra en general es un intento por alejarse de lo ordinario, y provocar cambios de estado. Es, en esencia, una incomodidad frente a lo cotidiano.

Paisaje urbano, óleo sobre lienzo, 90 x 130 cm, Denis Nuñez Rodríguez. Obra disponible



Artista plástico cubano Ángel Alfaro expone en la Galería Villa Manuela



Desde el pasado 12 de abril, y hasta el 11 de mayo, se exhibió en la Galería Villa Manuela, de la UNEAC, la muestra personal Quiebra Sueños del artista cubano contemporáneo Ángel Alfaro. Este importante exponente del grabado cubano trajo su más reciente trabajo a La Habana, después de varios años de ausencia.

La exposición estuvo compuesta por un grupo de obras que tenían en común la capacidad de mezclar formas de hacer el grabado, más tradicionales, y técnica digitales. También estuvo presente la instalación. En este sentido, destacó la confluencia de técnicas y la contaminación genérica que han enriquecido el discurso más reciente de este artista. El trabajo está sumamente relacionado con la gráfica. Las piezas parten de la fotografía, las cuales manipuló directamente, y luego le son incluidas técnicas del grabado. Con esta agresión, tanto visual como creativa, Ángel Alfaro encuentra el medio para expresar lo que le interesa, en este caso, una situación complicada de la vida colombiana actual.

El discurso de las obras de Quiebra Sueños se mueve sobre una realidad del territorio colombiano, que es la muerte de niños a causa de minas antipersonales (“quiebra-patas”, como son conocidas). El artista acude entonces a la ironía de la convivencia con la vida y la muerte y lo hace a través del empleo de la metáfora. Su motivo visual son muñecas mutiladas, haciendo referencia así a la niñez y la crueldad del proceso que denuncia.

Las obras de esta serie se oponen de manera radical a la aceptación de que cosas como estas sucedan en una sociedad. Sus piezas traspasan los límites de Colombia y se circunscriben, por la forma en que son concebidos, a la realidad de cualquier país en el cual suceden hechos como este. Los trozos de muñecas, metonimia del todo que un vez fue su cuerpo, hablan del destrozo físico y psicológico a los que muchos niños están sujetos, por causas ajenas y absurdas, concernientes a unos pocos. Sus imágenes no tienen, por tanto, la intención de ser complacientes, sino de mostrar el horror y hacerlo sentir en aquellos que vean lo expuesto.

A través de la manipulación, Ángel Alfaro toca la sensibilidad de cada espectador. El empleo novedoso de los soportes, así como la mezcla de técnicas, y la concepción de las obras, dotan a sus piezas de una belleza formal que se opone completamente al tema que abordan y a la intensidad con que se intenta abordarlo, de manera tal que se hace paradójico el deleite frente a cada una de ellas. Quiebra sueños es amarga en su concepto, sin embargo es necesaria en la profundidad con que lo trata.

Rodolfo Hernández Giró. 1888 - 1970


Paisaje cubano con palmas, 31 x 51. Óleo sobre tela y madera 


                 
     Desde el Rancho de la Gran Piedra, 34 x 54 cm. Óleo sobre tela y madera. 1943


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