La obra de Amelia Peláez


Nadie como la pintora y ceramista Amelia Peláez (Las Villas el 5 de enero de 1897- La Habana, 8 de abril de 1968) ha sabido atrapar con su estilo único y personal, los arabescos simétricos de la arquitectura colonial cubana: las estiradas columnas que señorean en los portales, el vitral de medio punto donde confabulan los colores del trópico, o las rejas que parecen saltar de los balcones hacia la vista de quienes se detienen en su sensual regodeo metálico; y los emparienta con el signo de un pez, una flor, una fruta o un ser imperceptiblemente humano. 

Discípula predilecta del maestro Leopoldo Romañach, la influencia de este artista se manifiesta en su primera exposición sobre paisajes, que realizara en 1924, en la Academia San Alejandro donde cursaba estudios.
En 1927 viaja por Europa: España, Italia, Alemania, Checoslovaquia, Hungría y se decide finalmente por París, donde residió la mayor parte del tiempo. Cursos libres en la Grande Chaumiére, la Ecole Nationale Superieure de Meaux Arts y la Ecole du Louvre, van dejando una impronta en la joven artista que estudió también con la escenógrafa y pintora rusa Alexandra Exter, y expone en la galería Zak en 1933.
Luego de ilustrar la edición de Sept poemes, de Leon-Paul Fargue (1934), vuelve a su casa de La Víbora, establece su taller, y comienza una vida activa dentro del movimiento de artistas modernos. De aquella etapa son los primeros bodegones con flores y frutas cubanas. Ya en 1936 va introduciendo elementos típicos de la arquitectura en sus pinturas. A principios de los 50 comienza los trabajos de cerámica en un taller experimental que había en Santiago de las Vegas, aunque años más tarde crearía el suyo.

Con una vastísima obra, esencialmente vanguardista, muy cotizada en el mercado internacional y de difícil adquisición; Amelia incursionó en los murales y de ella se conservan, entre otros, los murales de la Escuela Normal de Maestros en Santa Clara, el de 65 pies de cerámica del Ministerio del Interior, el conocidísimo mural que decora la fachada del Hotel Habana Libre Tryp, realizado en 1957 y el de creación colectiva realizado con motivo de la inauguración, en la capital cubana, del XXIII Salón de Mayo de París. Gouaches y cerámicas (Lyceum, La Habana, 1967) es la última muestra que prepara. La mayor parte de sus creaciones se atesoran en el Museo Nacional de Bellas Artes en La Habana.

Su arte tanto en exposiciones colectivas como personales llegó a importantes galerías de Estados Unidos, Hungría, Francia, Colombia, México, Brasil, España, Suecia, Venezuela, Argentina y otros. Recibió importantes premios en grandes salones en Cuba y el mundo.

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